Tupungato

Tupungato, de la lengua de los pueblos originarios, se le atribuyen varios significados, según el autor que se consulte. La de mayor arraigo en la población es “mirador de estrellas”, en relación con la altura y dominio sobre el paisaje Departamental, hecho que los nativos conocían y que para ello tenían el sentido o la idea de observatorio.

En el momento del descubrimiento, el departamento estaba habitado por las tribus “Huarpes”, denominada con el nombre de sus caciques, entre ellos se conocen: Michinti, Ucumale, Jocjolén, Guarinay, Aguarinez, Coytuque, Pampliquenta.

Las características físicas de estos aborígenes eran las siguientes: altos, delgados, de piel oscura y velludos, tenían cabellos largos (tipo melenas), eran ágiles caminadores (realizaban largas caminatas en busca de guanacos). Tejían sus camisetas con lana de guanaco y calzaban ushutas (ojotas de cuero). Hablaban el dialecto huarpe “Allentiac”.

Religión: eran politeístas, adoraban al sol y a la luna, su principal dios era: “Hunuc Har” dios de la montaña.

Construían sus casas con lo que tenían en el lugar: piedras, ramas, barro, totora, cuero, etc. Se dedicaban a la caza, la pesca y la agricultura.

Los españoles llegaron cumpliendo disposiciones reales; integrando la corriente colonizadora del oeste, arribaron las huestes de Francisco de Villagra y Pedro del Castillo. El conquistador ansioso de encontrar riquezas, se fue extendiendo hacia el sur provincial, entregando tierras y aborígenes en encomienda (sistema impuesto por la corona a fin de facilitar el dominio de los aborígenes). Las Tierras de Tupungato fueron entregadas a Diego de Velazco, Juan de Contrera, Pedro de Ivacache, Manuel González Farías, Diego Muñoz, José Villegas y Pedro Arce. Esta población se vio reducida al poco tiempo, ya que ellos murieron en combate con los nativos belicosos del sur, mientras otros partieron hacia nuevas tierras, por ser difícil la vida allí. Los encomenderos llevaron gran cantidad de aborígenes a Chile, donde los hacían trabajar en las minas y lavaderos de oro.

En el año 1619, los Jesuitas toman posesión de las tierras donadas por Doña Francisca de Contreras, Manuel González Farías y Pedro Ivacache, y las que les entregó en merced el Gobierno de Chile; de esta forma, la Compañía de Jesús se estableció en Tupungato (en La Arboleda; donde se crea una capilla entre los Cerros de Ancón y El Peral en una estancia llamada “Jesús, María y José”, en el actual distrito de San José).

Los jesuitas, se destacaban por ser visionarios trabajadores y se dedicaban a combatir los abusos que cometían los encomenderos.

En el año 1666, la paz se ve perturbada, porque los Puelches, Pehuenches y Araucanos, asaltaban las estancias del Valle de Uco, y como consecuencia de ello, mueren varias personas y es tomado prisionero el Padre Lucas Pizarro, luego es apuñalado cuando rezaba en el oratorio. El Padre Lucas Pizarro enseñó a los aborígenes la doctrina cristiana. Perdió la vida en instancias del indio Antón, de origen Puelche. Antón aconsejaba a los indígenas no aceptar la Doctrina Cristiana; convenciéndolos de que los Jesuitas eran hechiceros, engañadores y que predicaban embustes y mentiras que privaban a los indios de gustos y placeres.

En 1670, con la creación del Fuerte de San Carlos, se logra controlar el ataque de los aborígenes guerreros del sur.

En 1767, los jesuitas fueron expulsados de América por orden del Rey Carlos III, sus tierras fueron divididas, mediante ventas en remates públicos, efectuados por la Capitanía General de Chile (de donde dependía Cuyo). Recién en 1845 fue inscripto el territorio.